Tucumán, una provincia gobernada por la mafia

POLITICA - “En Tucumán la gente desaparece, así como así”, me dice una mujer luego de tocarme el hombro de manera insistente. Es el año 2017 y yo estoy en esa provincia presentando mi libro “Trimarco SA”.


Lo que me dice la ocasional interlocutora me suena a exageración, pero pronto sabré que no lo es. Allí, en los terruños del ahora gobernador Juan Manzur ocurren todo tipo de cosas inexplicables.

Tucumán es sinónimo de mafia, crimen organizado, narcotráfico y trata de personas, entre otros tópicos. Nada que sorprenda a los tucumanos.

“Acá gobierna la mafia”, me dice mi amigo y colega Horacio Esterman, acaso uno de los pocos periodistas independientes de esa provincia, sino el único.

Su tarea como hombre de prensa es compleja y peligrosa. Porque intenta nadar contra la corriente en un lugar donde oscuros intereses confluyen para que los desaguisados no vean la luz.

Tucumán es la cuna de tipos como Alperovich y Manzur, uno “ex” y otro “actual” mandatario provincial. Ambos cortados por la misma tijera.

Allí no importan los intereses ciudadanos, sino hacer mucho dinero en poco tiempo, a como sea, sin importar las formas.

El propio Alperovich amasó una fortuna imposible de justificar. En solo cuatro años, hasta el 2015, su patrimonio se multiplicó 13 veces.

Como bien recuerda el colega Nicolás Balinotti, el caudillo pasó de tener una concesionaria de autos a administrar empresas constructoras, inmobiliarias y financieras y ello se amplió a compañías productoras de soja, ganado y hasta una exportadora citrícola.

Hombre de pocas convicciones, salvo su coherente ambición por el dinero, Alperovich pasó de la UCR al peronismo de un día para otro. Como quien de día es de Boca y a la noche se hace de River.

No hay escándalo que no lo involucre, ni a él ni a su esposa, Beatriz Rojkes. Desde sus ostentosos viajes a Abu Dabi, hasta el uso del avión sanitario de Tucumán para ir a Punta del Este.

Por eso, cuando aparecen las denuncias de su propia sobrina por violación y abuso sexual, nadie se sorprende en este feudo. Porque Alperovich es capaz de todo, como cuando acosó a una periodista en vivo y en directo.

Pero eso, aunque es híper relevante, el señalamiento de su sobrina es lo menos escandaloso. Lo que debería quitar el sueño a los tucumanos, entre otras cosas, es el fraude cometido en las elecciones, tanto de 2007 como de 2011, maniobras que fueron ratificadas por la Justicia.

O la muerte de Paulina Lebbos, hecho acaecido en febrero de 2006, en el marco de una fiesta sexual donde no faltaron ni las drogas ni el alcohol. Allí mismo, en esa trama maldita, aparecen involucrados dos hijos de Alperovich, Daniel y Gabriel.

Dicho sea de paso, este último es el mismo que hace horas salió a defender con uñas y dientes a su padre en el marco de la denuncia de su sobrina. “Te banco a muerte, te amo y te vamos a apoyar en todo”, posteó el joven en sus redes sociales.

Es curioso, porque nunca hizo referencia a la supuesta inocencia de su padre. Solo al hecho de que lo va a “bancar”. ¿La verdad? Bien, gracias.

El silencio de la casta política de Tucumán ensordece. Nadie ha salido a hablar del tema como corresponde. Unos han decidido encubrir a otros. Manos que lavan a otras manos, en devolución de favores innombrables.

Porque de eso se trata Tucumán, de cubrirse unos a otros, una y otra vez, ad infinitum.

Porque nadie zafa. El que no está manchado con el dinero de los estupefacientes, está salpicado con la plata que produce la trata de personas. O aparece implicado en cuestiones de corrupción y crimen organizado.

Porque en Tucumán nadie llega lejos por sus méritos, sino por sus deméritos. Cuanto más delincuente es uno, más cerca está de llegar al poder.

Es parte de un sistema maldito, pergeñado para que la mafia siempre esté detrás del poder real. En una suerte de calesita que jamás se detiene.

Debería preocupar, porque en estas horas uno de los hombres de mayor poder dentro del armado político de Alberto Fernández es, justamente, Manzur.

Lo que viene es eso: la proyección a nivel nacional del mismo sistema. De hecho, ya mismo se está pergeñando. El primer síntoma se verá a través de puntuales negociados relacionados con la salud.

Será una especie de remake de lo sucedido en 2007, en el contexto del escándalo por los aportes a la campaña de Cristina Kirchner, cuando se lavó dinero proveniente de actividades ilícitas como el tráfico de narcóticos.

Ello derivó luego en el triple crimen de 2008, donde fueron acribillados Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina.

¿Postales del pasado o del futuro? Pronto lo sabremos.

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