NACIONAL - Argentina, atendida por sus propios dueños

Se fueron una vez más los inquilinos fugaces y volvió el peronismo
POLITICA - La Argentina tiene un nuevo presidente tras una maratón electoral para el Guiness. Después de tantos errores no forzados, un reconocimiento a su tenacidad, Mauricio Macri alcanzó un 40% casi impensado, como para lamentarse del Pacto de Olivos que puso techo de balotaje en 45/100.


O sufrir que entre Roberto Lavagna y José Luis Espert le hayan comido la vitamina a un sprint final que tuvo a la fe como leit motiv ante la imposibilidad de mover montañas.

El tifón Axel K azotó, y cómo, a la fortaleza amarilla. Pese a las gestas furibundas de CABA y Córdoba, la gesta bonaerense fue la que devolvió a Cambiemos al llano.

Se confirma la teoría antropológica del ser nacional, al peronismo unido no hay con qué darle. Alberto, el Gran Timonel, heredará los candados del poder y las llaves del cepo, y como buen músico pondrá a prueba el apotegma de Arturo Frondizi: el gobierno es una guitarra que se toma con la izquierda y se ejecuta con la derecha.

Se verá el pulso entre su alianza pragmática de caciques provinciales + sindicatos frente a la dirigencia K que hace un lustro se mentaba chavista.

Cuando termine su mandato el binomio F&F, el kirchnerismo habrá atravesado 20 años de hegemonía en la política argentina. “Nos daban por muertos y volvimos una noche”, dijo llantoso el presidente electo, a una militancia que pedía más voltaje al escenario.

El “sshh, ya está” de CFK a sus acólitos es la tónica post urnas, bajar los decibeles siempre que se no se rompan filigranas desconocidas por las multitudes. Sólo un poco más arriba en sus diatribas ha estado Kicillof, dueño del aluvión, lapidario con el macrismo y María Eugenia Vidal. “Alberto, o el Albertismo son otra cosa”, ya aprendieron a practicar los empresarios, aún los mismos del palo, por si los filman o les pinchan los teléfonos, pero también porque terminaron espantados de la era Macri, con negocios ociosos, sin clientes y endeudados con la AFIP.

Con la UIA a la cabeza, empresas y cámaras desde las PASO hasta aquí, habían corrido en auxilio del vencedor peronista y miraban incrédulos las plazas montadas por el macrismo en todo el país para pescar simpatías entre los espíritus no peronistas.

Con un 12 de agosto por año es suficiente, todos deseaban que por favor no hubiera balotaje y temían el desmadre que pudiera sobrevenir. Que no haya segunda vuelta ha sido un alivio.

Sindicatos y los grupos sociales no se desgastarán en medidas ni dislates, los empresarios podrán en marcha su rosario de reclamos. La virgencita les cumplió.

Hallazgos del ingenio. Tampoco aquí fue posible dar vuelta el resultado y el nuevo mapa político argentino quedó auriazul, como una camiseta de Boca Juniors. Salvo el corredor amarillo que va de San Luis a Santa Fe, el azul del Frente para Todos se quedó dueño del territorio por la acción del manager que ungió Cristina para nutrirse de tiros y troyanos.

 “Mirá que con ella cero onda” le decían los barones, con variados acentos de la pampa adentro, y con La Cámpora menos. Vos vení, fumá tranquilo, ellos van a hacer la gran bonaerense, pero Nación y su economía son nuestras. Es eso o la nada misma, porque la jefa tiene los votos.

Es Cristina, estúpido, frente al resto del mundo. Ella suma, resta, divide y multiplica. Qué grieta ni grieta, este es un país partido por su imaginario, entre los que les gusta el peronismo y los que lo detestan.

Sólo así se explica el meritorio resultado electoral de un oficialismo que en los últimos dos años abatió los bolsillo, el consumo y la tranquilidad.

Game over. Entre la foto del mandatario saliente, de aquel diciembre que Balcarce conoció la Rosada, hay ojeras, arrugas, noches de insomnio. El poder te carcome, en la Argentina de medio siglo de tobogán te pasa por encima.

“Hermano, no hablemos más del pasado. Hablemos del futuro”, dicen que le dijo AF a MM. Hubo breakfast y foto entre el que se va y el que viene.

Como siempre viene pasando en Chile, aunque ahora para la nueva e inédita versión trasandina del que se vayan todos, esto sea evidencia de connivencias para consolidar la exclusión.

Pero no habrá ni desplantes ni el “éxodo kukeño”, como en 2015 cuando desde la casa presidencial para abajo los salientes les desaparecieron discos duros, agendas, expedientes y hasta mobiliarios y enseres patrimonio del Estado a los entrantes.

Está todo atado y bien atado, decía Franco ¿incluso las cuitas pendientes en Comodoro Py? El Operativo Dignidad del macrismo es más que una derrota honrosa.

Es dejar el poder rondando los 120 diputados y los 40 senadores, por la sumatoria de su victoria en las intermedias de 2017 y ésta decorosa derrota asimétrica con el descalabro económico con que termina el mandato.

Bienvenido Alberto, los primeros 100 días famosos precisarán de mucha esgrima y entonación. Deuda, FMI, cepo cambiario, inflación, recesión, tarifas congeladas, pobreza, mundo volátil, no son precisamente lo que le indicó el doctor.

Si todo va bien, en 40 días se correrá el telón y “todes”, como saludó en Chacarita, podremos ver cómo sigue la película. Se fueron una vez más los inquilinos fugaces y volvió el peronismo. Como suele pasar con bastante frecuencia.

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