NACIONAL - Alberto, mentiras y videos

POLITICA - Cuando escribí la “Historia sexual de los argentinos”, dije que los actos privados de los gobernantes explican muchos de sus actos públicos.


En efecto, y sólo para poner un ejemplo, los abusos sexuales de Rosas a su hija adoptiva, María Eugenia Castro –historia que cuento en “La matriarca, el barón y la sierva”–, reflejan los abusos de Rosas a la república.

Apareció un video de Alberto Fernández en el que se lo ve golpeando y tirando al piso a una persona mayor. Esto es, de por sí, un hecho grave que está en la frontera entre lo público y lo privado.

Sucedió en un restaurante, es decir, un lugar público. El entorno de Fernández intenta restarle importancia argumentando que fue un hecho privado.

Alberto Fernández es un misterio; muchos se preguntan, con razón, si será una marioneta de Cristina o, al contrario, la traicionará y la pasará por encima. El video es crucial para entender la psicología de Alberto Fernández y habla de lo que podría pasar en este país si llegara al poder. ¿Qué pasó?

El 7 de septiembre del año pasado Alberto Fernández estaba cenando con su pareja en un restaurante. Un hombre mayor se acerca y lo increpa. Se ve que sólo le habla y se mantiene lejos, a más de un metro de la mesa.

No hizo siquiera un gesto de violencia física; al contrario, le dice algo y se aleja. Cuando el hombre se estaba yendo, Fernández se levanta y lo va buscar. El hombre se da vuelta y se ve claramente que tiene las manos detrás de la espalda. Era imposible que pudiera atacarlo.

Sin embargo, Fernández le pega un pechazo y lo tira al piso.

El hombre, en el suelo, pide ayuda. Fernández no lo asiste; al contrario, vuelve a la mesa y lo deja tirado, mientras la mujer que está con él se desespera. Un médico que estaba cenando en el lugar asiste al hombre y comprueba que estaba golpeado y tenía un corte en la cabeza.

La aparición de este video, no sólo muestra a un candidato violento, agresivo, que no siente ninguna empatía ni piedad con el hombre al que tiró al piso, sino que pone en evidencia que Alberto Fernández mintió.

Así relató el episodio el candidato antes de que apareciera el video: “Venía directo a pegarme, me acerco, me golpea con el hombro y se cae al piso. Comienza a gritar que yo le había pegado. Todos los presentes le pedían que finalizara con ese acto porque nadie lo había tocado pero seguía gritando y estaba claramente alcoholizado”.

Ahora, el video muestra que mintió: es él, Fernández, quien lo empuja y lo tira al piso.

Este episodio es grave de por sí. Pero además explica las reacciones violentas que muestra Fernández contra la prensa y permite ver qué podría hacer en el futuro contra aquellos que lo interpelen.

Imaginemos a este mismo candidato manejando los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas y de seguridad. Suena verosímil el tan mentado Ministerio para la Venganza. Pero con un agravante. Él sería apenas el testaferro, la marioneta de Cristina Kirchner.

Siempre que gobernaron marionetas, corrió sangre. Hagamos un repaso histórico: durante el rosismo, quien manejaba los piolines era una mujer: Encarnación Ezcurra, esposa de Rosas.

Pero además, con una particularidad: ella fue la fundadora de la primera fuerza parapolicial: la Mazorca, un aparato paraestatal que asesinó, torturó y persiguió a los opositores. No casualmente Cristina Kirchner se declara rosista y reivindica la figura de Rosas y Encarnación Ezcurra.

En los setenta, el famoso apotegma “Cámpora al gobierno Perón al poder”, fue el prólogo de la violencia criminal de la Triple A de un lado y Montoneros del otro. Isabel, títere de López Rega, marcó el inicio de la locura de la violencia de los ’70.

¿Por qué son peligrosas las marionetas, los gobernantes sin poder propio? Porque como el poder verdadero lo maneja alguien que está en las sombras, ese lugar oculto les otorga una sensación de impunidad: pueden hacer cualquier cosa, porque la cara la pone otro.

Pero además, la tensión entre el poder virtual y el poder real genera un enfrentamiento subterráneo en el que anida la violencia interna entre miembros de un mismo grupo.

La violencia en la Argentina siempre nació en la calle. La alianza Libertadora Nacionalista era un grupo de choque callejero, semillero de Tacuara, de Montoneros y de la Triple A que imponía el terror en la calle.

Algunos de los integrantes de esta agrupación filonazi fueron Jorge Masetti, Rodolfo Walsh y Guillermo Patricio Kelly. Este crisol variado demuestra que la violencia se impone a la ideología.

Massetti pasó de ser un católico violento de derecha, a ser un ateo violento de izquierda cuando fundó el Ejército Guerrillero del Pueblo. Rodolfo Walsh fue un antiperonista furioso y terminó integrando el brazo armado del peronismo furioso: Montoneros.

Cuidado, no se puede subestimar ni minimizar la violencia. Menos aún, cuando viene de los puños de un candidato a presidente.


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